En un mundo que a menudo glorifica el talento innato, Oyarzabal nos recuerda que la verdadera maestría se forja con dedicación, constancia y un esfuerzo incansable.
No basta con tener la chispa; hay que alimentarla cada día.
¿Estás de acuerdo? ¿Cómo aplicas esta mentalidad en tu día a día profesional?