Hoy se cumplen dos años desde que llegué a México por trabajo. Y, si algo he aprendido en este tiempo, es que emigrar no solo implica cambiar de país: implica reconstruirte.
Hice las maletas y salí de Perú, pasé un año por Colombia y terminé aterrizando en México. En el camino cambié de ciudades, culturas, formas de trabajar, y hasta la manera de ver la vida. También significó dejar atrás familia, amigos, y la tan infravalorada red de apoyo (probablemente lo más duro de todo).
Jamás volvería a hacer cambios así de fuertes y rápidos sin pensármelo dos veces.
Sigo adaptándome, pero hoy camino con mucha más claridad sobre cómo seguir adelante, lejos de los míos y tratando de aportar valor desde mi trinchera.
No escribo para presumir ni para que alguien piense: “¡qué chingona!” (I wish). Lo escribo simplemente para retomar un poco de actividad por aquí, pero sobre todo para agradecer.
Gracias KONE, por permitirme crecer profesionalmente estos dos años. Y gracias, México, por abrirme las puertas y ser ahora mi hogar.
Quién sabe qué pase mañana, pero todo lo vivido hasta este punto, ¡ya es muchísima ganancia!