Ayer nos levantamos con la agridulce noticia de la cagada de Revolut…
Resulta que un actor malicioso se hizo pasar por una agencia gubernamental y le pidió a un trabajador que le compartiera datos de los usuarios. Datos, como por ejemplo el pasaporte, el selfie de verificación, nombres, apellidos, correos electrónicos, IBAN, y largo, etc.
Una de las cosas por las que más estoy apostando ahora mismo en mis conferencias, formaciones y consultorías, es que estamos poniendo el foco en el sitio equivocado constantemente. No tenemos solucionado lo básico, que es que las organizaciones estén preparadas y con protocolo exhaustivos para hacer frente a la manipulación psicológica de las organizaciones criminales.
Luego pasan estas cosas como lo de Revolut y todos nos llevamos las manos a la cabeza.
Espero que este caso sea lo suficientemente notorio para que empecemos a poner medidas ya.